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22.7.2008.

Branislav Đorđević, periodista y escritor

El Teniente General de la Legión Española, Francisco Javier Zorzo Ferrer, comandante de las primeras tropas españolas que llegaron a Bosnia y Herzegovina bajo el mando de la ONU en el año 1992 nos habla de sus experiencias de estos primeros días de la guerra civil

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EN LA GUERRA CIVIL NO HAY VENCEDORES

El Teniente General, Francisco Javier Zorzo Ferrer, en su carrera militar ha sido el Comandante de la Legión Española, miembro de la Subsecretaria de Defensa, del Estado Mayor de la División de Artillería, de la Guardia Civil, Director General del Instituto de Historia y Cultura Militar. Como comandante, ha participado en varias misiones de paz bajo mando de la ONU en América Central, Nicaragua, Guatemala y San Salvador, y como consejero militar del Secretario General de la ONU, participó en las negociaciones entre la guerrilla y el Gobierno de San Salvador. Esta condecorado con varias medallas españolas, y aunque esta retirado, participa muy activamente en numerosas conferencias y seminarios sobre la importancia de las misiones de paz de la ONU, en las cuales transmite al público su abundante experiencia

¿En noviembre de 1.992 le enviaron al mando de la Legión Española en Bosnia?

Si, esto fue una agrupación táctica formada por legionarios, pero también había paracaidistas, soldados de logística y otos. Llegamos a Split, pero antes un equipo de reconocimiento había hecho una inspección del terreno y los preparativos para construir un campo militar.

Antes de esto, ¿que sabía usted sobre Bosnia, y sobre Yugoslavia en general?

Salvo cosas tangenciales, muy poco. Pero, desde punto de vista militar, ha sido muy importante el conocimiento de que ni siquiera Carlo Magno fue capaz de ocupar los Balcanes por la ferocidad de los defensores. Según mi experiencia, creo que la característica de los balcánicos es el orgullo nacional. Esa fuerza repele a cualquier agresor. Allí, la patria se defiende hasta la muerte, y así es como debe de ser. En los Balcanes aprendí como se defiende la patria. Otra cosa es cuando este sentimiento se degrada, pero ese sentimiento es fundamental en la defensa de un país. Porque, no se vence cuando se rinde el rival, sino cuando se mata la voluntad de luchar, y esto se consigue mediante otros medios, no militares.

Exacto, desgraciadamente. Así, ¿con que conocimiento de la situación de entonces ustedes llegaron al terreno?

De historia de los Balcanes sabíamos lo que aprendimos en nuestras academias militares, y muy superficialmente; el atentado en Sarajevo de 1.914, la Segunda Guerra Mundial… Pero mi enamoramiento hacia gente de los Balcanes, especialmente hacia la gente corriente, nació durante mi servicio en aquellas tierras, y sobre esto podría hablar horas y horas… Bueno, a finales de septiembre de 1.992 después de la conferencia celebrada en Zagreb de los países que iban a ocupar Bosnia y Herzegovina, donde España eligió la zona del río Neretva, fui a localizar el terreno donde deberíamos levantar nuestro campamento. Allí fue la primera vez en mi vida que alguien disparó contra mí: y eso lo hicieron los serbios. Íbamos cruzando la presa Selakovac, para reconocer el terreno y desde las colinas la artillería serbia abrió fuego contra nosotros. Creo que aquello era un aviso para que no nos acercáramos a su frente, porque no creo que fueran tan malos artilleros: tres granadas cayeron a trescientos metros de nosotros. Esta claro que era una advertencia, ya que nosotros estábamos en campo abierto, nuestros vehículos eran de color blanco y ofrecíamos una diana fácil incluso para un mal tirador. Volvimos, al no encontrar un lugar adecuado para ubicar el campamento que debería tener una buena comunicación con el puerto de Ploce, donde nos destinaron los croatas y donde tuvimos que firmar un contrato…

¿Un contrato?

Si, un contrato. Era un sentimiento extraño: nos enviaron para ayudar, para contribuir en el apaciguamiento de la situación, pero debíamos pagar por todo, todas las instalaciones, todo el material, todo. Firmamos el contrato con el director del puerto de Ploce por orden del Gobierno de Croacia y los croatas nos destinaron al puerto Divulje. Esto nos creó muchos problemas, porque nuestra misión era proteger los convoyes de ayuda humanitaria que llegaban a Metkovic, donde estaban los almacenes de ACNUR para la zona de nuestra responsabilidad, que era la ubicada al sur del río Neretva, pero desde Divulje hasta nuestra zona por aquellas horribles carreteras suponía casi todo un día de conducción. Cayeron varios vehículos al mar, pero por suerte no se produjeron víctimas. Al final nos ubicamos en Dracevo, y un oficial croata nos aconsejó que acampáramos en Medjugorje, donde existía un centro hotelero. Este nuevo campamento ayudó mucho a reducir el número de accidentes de tráfico: Por aquellas carreteras teníamos, al menos, un accidente al día.

Después de esto ¿qué fue para ustedes lo más importante?

Lo más importante fue el establecimiento de relaciones con los mandos de los tres bandos enfrentados. Con los croatas y musulmanes fue fácil, porque por entonces todavía eran aliados, empezaron a pelearse en 1.993. Ahora se trataba de cómo llegar a los serbios. Su centro de mando estaba en Bileca, pero en esos momentos ocurría algo que yo juzgo muy negativo para los serbios: en principio no permitieron que las tropas de la ONU se desplegasen en el territorio bajo su control. A través de observadores internacionales desarmados establecimos contacto con el comandante serbio Grubac, y desde ese momento todo se solucionó. Pero entonces la carretera desde Stolac a Bileca era una línea del frente, una parte estaba en manos de los croatas y la otra en manos de los serbios. Para tratar cualquier asunto con los serbios pedíamos a los croatas que retirasen las minas para poder pasar, y luego lo mismo de los serbios. Una vez, a los serbios se les olvidó retirar una mina (no puedo creer que la dejaran a propósito, porque podrían habernos negado el paso y punto) y nuestro vehículo pisó la mina. Como Dios es bueno solo hubo tres heridos leves. Los serbios nos pidieron perdón, de verdad, pero nuestro error también fue que en la cabeza de la columna iba un vehículo ligero, lo que esta prohibido cuando se sabe que se está en zona minada.

¿Qué asuntos trató con serbios y croatas? ¿Trataron ellos entre sí con vuestra mediación?

Traté de todo lo que podía contribuir a calmar la situación bélica y sobre el alto el fuego, sobre los permisos de paso de convoyes de ayuda humanitaria, ya que entonces la población sufría mucho. Lo más impactante era el intercambio de cadáveres entre los dos bandos. Una vez acordado con ellos el lugar y hora del intercambio, con la garantía de seguridad dada por nuestra parte, ellos traían los cadáveres y los intercambiaban. Nosotros rendíamos honores militares, tal y como corresponde a tales situaciones. Para mi era horrible el ver que se cambiaba cadáver por cadáver, y si alguno traía más se los llevaba esperando un próximo intercambio. Eso no lo entendí nunca. En esa guerra ocurrieron cosas horribles, se masacraban, mutilaban, paraban las ambulancias y mataban a los heridos que iban en ellas, pero cuando recogían los muertos del otro bando se identificaban los cadáveres sin ningún error aportando los datos más relevantes sobre el muerto.

Entonces ¿no había fosas comunes ni cadáveres perdidos?

En nuestra zona nosotros no hemos visto nada así. Siempre se sabía quienes eran los muertos y hubo muchos intercambios como anteriormente dije. Pero nosotros también tuvimos víctimas. Perdimos veintiún soldados en Bosnia. Los primeros cuatro hombres cayeron debido al fuego de los croatas. Nos dijeron que íbamos con los croatas, católicos, hermanos de religión y ellos mataron a cuatro de nuestros hombres, y esto lo tengo que decir. Nos mataron un hombre cuando llevábamos sangre a un hospital musulmán de Mostar. Pararon el convoy en la entrada de la ciudad largo tiempo y cuando por fin la columna entró, la atacaron con fuego de mortero y mataron al legionario Castellanos. En el puente de Tito, un francotirador disparó a la cabeza del teniente Aguilar. Nos bombardearon con granadas de 120 mm. y mataron a dos legionarios más e hirieron a más de veinte. Murió nuestro Capitán especialista en explosivos, aunque no se sabe exactamente si se equivocó él, cuando quiso desactivar una mina que dejaron los croatas en un puente del Neretva. Su ayudante resultó herido, perdiendo una pierna. Pero lo peor vino después: cuando intentamos retirar el cadáver y al herido, los croatas dispararon contra nosotros. Luchamos contra ellos para poder rescatar a nuestros hombres. Esto fue horrible. Además, una vez estando en el campamento oímos disparos de mortero muy cerca, nos telefonearon los serbios desde las colinas, exigiendo que dejáramos de dispara contra ellos, o ellos nos responderían con fuego. Como nosotros no disparábamos, con un control rápido confirmamos que los soldados croatas se habían acercado a nuestro campamento y desde allí abrían fuego contra los serbios para provocar su reacción. ¿Qué podría hacer sino pedir perdón a los serbios?

¿Sabe usted que esto que nos cuenta nunca ha sido publicado en la prensa española?

Nosotros hemos hecho informes exhaustivos para nuestros superiores, sobre esto he hablado en muchas conferencias, se escribía en las revistas especializadas militares, ya que allí describíamos la realidad tal y como era. Y era horrible. También tengo que decir, y no porque hable para un periódico serbio sino porque fue así, que antes de entrar las tropas de la OTAN en Bosnia, el Gobierno de Belgrado nos remitió, a través de la embajada española, una nota en la que señalaba que por nuestra objetividad en el terreno nos ofrecían protección en caso de ataque de fuerzas musulmanas. A nosotros este reconocimiento nos llenó de orgullo, ya que hicimos todo lo posible para detener la guerra y no hemos culpado ni alabado a ningún bando. Es verdad, que a veces los serbios dispararon contra nosotros, casi siempre con granadas que caían alejadas de nosotros, pero dispararon, y no siempre nos permitieron movernos libremente. Pero también es verdad que cuando algún oficial serbio nos decía algo, eso era verdad, lo que prometen lo cumplen. Eso demuestra como ha sido la relación de las tropas serbias hacia las fuerzas extranjeras. Teníamos en Trebinje destinado un batallón de legionarios, y la comunicación entre nuestras tropas era pésima especialmente en invierno. Teníamos serios problemas con las radio-comunicaciones. Al lado de la ciudad se encuentra el monte Leotar, y en su cima un repetidor en manos de los serbios. Pensamos que sería bueno construir una plataforma para helicópteros para facilitar el transporte y las comunicaciones, para eso enviamos decenas de peticiones por escrito, y nunca conseguimos nada. En una ocasión, hablé personalmente con un oficial serbio, le expliqué nuestra petición diciéndole que también para los serbios sería bueno tener una plataforma para la evacuación de los enfermos, una vez que nosotros nos marcháramos de allí. Me preguntó quién pide esto ¿la OTAN o los españoles? Los españoles, le respondí, aunque está claro que nosotros como país miembro de este Pacto, no podemos pedir este permiso sin el conocimiento de la OTAN. Pensó durante un rato y me respondió: - Esta bien, mañana podéis empezar a construir la plataforma. Así fue, y la plataforma para helicópteros permaneció allí cuando nos retiramos. Esto demuestra la relación entre las tropas serbias y españolas.

¿Hay algo más de lo que tratasteis con los diferentes bandos enfrentados?

Principalmente tratamos sobre los límites de sus respectivas zonas, para así evitar intrusiones, y en estos casos, éramos árbitros neutrales. Interesante fue el tiempo de la Semana Santa. El Obispo de Mostar (creo que sabía el español, pero nunca pronunció una palabra en nuestro idioma porque quería saber como traducía el traductor) y el Vladika de Trebinje, Atanasije Jevtic, negociaron para que los sacerdotes de los dos bandos pudieran atravesar las líneas del frente y visitar los pueblos con los feligreses, que habían quedado en manos del otro bando, y hacer sus oficios. En esto no hubo problemas a pesar que estábamos en plena guerra. Cada uno visitó a sus feligreses y oficiaron sus ritos. Con este obispo de Mostar ocurrió algo que me sorprendió. Me dijo que aunque los Católicos y Ortodoxos son Cristianos, el Vladika Jevtic nunca quiso que juntos rezaran por la paz. A mi aquello me extrañó, porque con el Vladika, desde el principio, tuve una relación excelente. Le dije al Obispo que dejase en mis manos ese asunto y que todo saldría bien. “Verás que el Vladika no va a aceptar” me dijo el Obispo. Hablé con el Vladika y en la siguiente reunión con los líderes religiosos, por mi iniciativa, se empezó rezando el Padrenuestro, así es como yo pienso que los cristianos deben hablar entre ellos. Con el Vladika Atanasije entablé una gran amistad, aunque nosotros la primera vez cometimos un gran error: Nuestro vehículo entró en el patio del Monasterio de Trebinje, ¡imagínense! Pero los serbios nos perdonaron esta estupidez y las relaciones fueron excelentes, y como dije antes nunca nos mintieron, nunca nos engañaron. Lo que decían se cumplía, fuera favorable para nosotros o no. Puedo decir que el Vladika trabajó mucho, estaba en todas partes y con él mantuve un contacto permanente, Además, conocía muy bien los vinos españoles y todavía mejor el fútbol español. Entonces en el Atlético de Madrid jugaba Vladan Lukic y el Vladika siempre pedía información sobre nuestro fútbol. Me gustaría verle otra vez y poder darle un abrazo.

¿Cómo ve actualmente esas tierras después del tiempo transcurrido?

Principalmente, estoy contento, porque cuando volví allí en 1.996, ví que la vida transcurre por un cauce mucho más tranquilo. Pude viajar tranquilamente desde Mostar a Sarajevo. Allí ví que los tranvías funcionaban, lo que parece poco pero si recordamos como fue aquello… Está claro que todavía hay problemas, pero si se compara con aquellos tiempos cuando todo era destrucción, muerte y hambre, hoy es mucho mejor.

Almuerzo con Mladic.

Después de un encuentro en Bileca con oficiales serbios, cuando les presenté a nuestro nuevo Comandante, General Prada, estaba previsto un almuerzo. Entonces, nos pidieron que esperásemos un poco, ya que un alto oficial serbio quería venir y comer con nosotros. Para nosotros esto era bueno, porque siempre quisimos tener contacto con el mando más alto. Este oficial era el General Mladic. Vino y la comida transcurrió en un ambiente inmejorable. Mladic era muy amable y simpático, conocía muy bien España y se interesó mucho por nuestro país, lo que nos alegró. De repente enmudeció, la cara le cambió totalmente y empezó a amenazar al General Prada: “Escuchen ustedes, díganle a la ONU, a UNPROFOR y a todos que si no bombardean a los croatas por lo que están haciendo, les voy a hundir todos los barcos del mar Adriático”. Estaba totalmente fuera de sí de ira y tenía un tono terrible.

original publicado en el periódico belgradense POLITIKA

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