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06/09/2009 | La descomposición sangrienta de Yugoslavia pudo evitarse

Tamara Djermanovic

"Advertimos que la represión se volvería contra Serbia, pero nadie nos hizo caso" | "Milosevic sólo podía gobernar si había conflictos, y si no, él generaba una crisis" | "Serbia no despertó ningún sentimiento de conmiseración por culpa de Milosevic"

Lo encuentro menos severo de lo que imaginaba al hombre que dirigía los servicios de la policía secreta en los peores tiempos de la historia serbia. En la orilla de un puerto de la costa montenegrina, donde Zoran Mijatovic se retiró, tras dimitir y estar amenazado de muerte, aparece un hombre jovial, en pantalones cortos y camiseta a rayas. Liberado de la obligación de guardar secreto de Estado - se lo impuso el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPY) cuando lo llamó como testigo en el 2002-,publicó dos libros, Réquiem para el secreto del Estado y La trampa para Serbia,de los que vendió más de 50.000 ejemplares. Ahora es la primera vez que decide hablar para un público occidental.

Usted fue agente en los servicios secretos en momentos históricos radicalmente distintos entre sí. Empezó cuando Serbia aún estaba dentro de la Yugoslavia dirigida por Tito, y cuando abandonó la profesión, en el 2001, el país estaba descompuesto, el comunismo sustituido, y habían tenido lugar varias guerras, incluidos los bombardeos de la OTAN.

Empecé en los tiempos del partido único, cuando Tito dirigía la Yugoslavia socialista; aparte de las obligaciones profesionales teníamos también las políticas. Lo curioso es que, mientras el ejército estaba centralizado, los servicios secretos tenían una organización singular. Por ejemplo, los de las provincias autónomas serbias de Kosovo y Vojvodina se controlaban desde el nivel central yugoslavo, sin tener que responder para nada a los servicios serbios. Creo que esto abría las primeras grietas en la construcción yugoslava. Entre 1993 y 1998, cuando yo estaba a la cabeza de los servicios secretos serbios, difícilmente había alguien en Belgrado que supiera más que yo acerca de la situación real en Serbia.

¿Qué posibilidades hay de entregar pronto a la justicia a Ratko Mladic, el prófugo más buscados entre los criminales de guerra serbios? ¿Ha hecho el Gobierno serbio todo lo necesario para entregarlo al TPY?

Cuando yo abandoné la profesión, en el 2001, se sabía el paradero de cada prófugo. Si el gobierno serbio lo hubiera ordenado, podríamos haber capturado en media hora a cualquiera. Mladic miraba desde el balcón de un piso belgradense cómo detenían a Rade Markovic, el antiguo jefe de la policía secreta. Pero había discordias entre el presidente Kostunica y el primer ministro, Zoran Djindjic, asesinado después. Cuando el 28 de junio del 2001 me llamaron para transportar a Milosevic desde la cárcel de Belgrado a La Haya, tuve que hacerlo en secreto porque una parte de la cúpula directiva, Kostunica en concreto, no lo sabía y no lo hubiera permitido. La Coalición Democrática Serbia, con Kostunica al frente, tropezará con la piedra del TPY, y esto es una mancha en su conciencia. Sé que Mladic pasó de Serbia a Bosnia-Herzegovina la noche en que capturamos a Milosevic, el 28 de junio del 2001. Hasta el 2003 se sabía más o menos dónde estaba.

¿Cuándo se empezó a intuir la descomposición de Yugoslavia? ¿Y cuándo y por qué empezó a romperse en pedazos?

En 1985, después de la muerte de Tito (1980), tenemos las primeras informaciones argumentadas de que las repúblicas yugoslavas buscarían su camino autónomo. En 1987 tenemos evidencia de hechos concretos que indican que la federación no tiene futuro. La cúpula dirigente no estaba preparada para esta situación. Y es cuando al escenario serbio sale Slobodan Milosevic, que oculta su ambición de una Serbia fuerte bajo el lema de la lucha por una Yugoslavia unida. En 1989 en Kosovo se sella el camino de esta política. En ese momento, además, Eslovenia ya se escapaba al control de la federación yugoslava. Milosevic utilizó el nacionalismo más oscuro para establecerse en el poder y condujo el país al caos. Era un gran manipulador, consciente de que sólo podía gobernar mientras existieran conflictos. Si no había crisis, él la generaba. Le ayudaba su mujer, defensora del yugoslavismo aunque de un modo negativo.

Si tuvo que desmembrarse el país, ¿pudo hacerse algo para evitar el camino bélico? ¿Un modelo de confederación?

La descomposición sangrienta de Yugoslavia pudo evitarse. No obstante, es evidente que los dirigentes como Tudjman en Croacia, Milosevic en Serbia e Izetbegovic en Bosnia-Herzegovina no evitaron el camino bélico. Ellos son los principales responsables, desde mi punto de vista. Optaron por la guerra para conservar el poder. Todas las alternativas para Yugoslavia, una federación asimétrica, una confederación o similar, se presentaban como ilusorias y mentirosas, sin profundizar. La oposición apostaba por la desmembración de Yugoslavia, considerando que así llegaría al poder. Así que públicamente se proclamaban las opciones democráticas después del régimen socialista unitario, pero detrás de la cortina todos se preparaban para la guerra. Cuando empieza a romperse Yugoslavia, yo estaba en Kosovo. Y nos despedimos con mis colegas de allá, gente de distintas repúblicas ex yugoslavas, con la esperanza de que el cataclismo podía evitarse.

Usted fue destinado a Kosovo en 1989 cuando empezó todo. ¿Cuál es la responsabilidad de Serbia por haber, prácticamente, perdido Kosovo?

Kosovo es determinante para el destino de Serbia. Milosevic comete un error grave cuando en 1989 interviene en Kosovo aboliendo la autonomía y los derechos de la población albanesa. Detrás de la farsa de defender los intereses serbios, manipula y agrede la Constitución. Empiezan las protestas violentas de los albanokosovares, empujadas por la emigración albanesa desde el extranjero. En ese momento me envían a Kosovo. Y pasa algo inverosímil. Nos ordenan encarcelar a los ex presos políticos, cogiendo al azar 99 albanokosovares para meterlos en régimen de aislamiento sin que sus familias sepan dónde están. Pero nadie serio acabó tras las rejas. Ni tampoco se pudo demostrar nada contra esa gente que habíamos detenido. También teníamos que procesar a los albanokosovares que no dejaban a los niños ir a la escuela para boicotear las instituciones, aunque seguía impartiéndose la enseñanza en las dos lenguas, albanés y serbocroata. La consecuencia son nueve años (1990-1999) sin alfabetizar a la juventud albanokosovar. Europa sufrirá con Kosovo porque tiene toda una generación que es prácticamente analfabeta. Por otro lado, advertimos de que las medidas represoras se volverían contra Serbia como un bumerán, pero nadie nos hizo caso. Los servicios secretos de un Estado no toman decisiones políticas. Informan, analizan y valoran, pero no deciden.

¿Qué perspectivas tiene ahora Kosovo, con la población serbia disminuida a un 5%, en un Estado autoproclamado independiente por la población albanesa y celebrado por gran parte de los países occidentales?

El problema es que el destino de Kosovo se decidía desde Belgrado, y no desde Kosovo, hasta el día de hoy. Una parte de la lucha política para recuperar Kosovo la tienen que emprender los serbios desde dentro, desde el propio Kosovo. ¿Cómo? Entrando en sus estructuras políticas y no boicoteándolas. Hasta 1996 y los acuerdos de Dayton, la comunidad internacional no intervenía en el asunto de Kosovo. Y entonces, la situación fue la siguiente: por un lado, la errónea política serbia respecto a Kosovo, precedida por Milosevic, y por otro, la opción militar del independentismo albanokosovar encarnado en el UÇK. Nosotros, con Djindjic en el poder, teníamos ordenes de lidiar con todo crimen en Kosovo, fuera albanés o serbio. Pero ahora no hay que discutir quién empezó primero, ni quién ha cometido más crímenes. Ahora los serbios tienen que entrar en el Parlamento de Kosovo; hasta que esto suceda, el mundo no hará caso de su situación. Resumiendo, desde Kosovo hay que intentar recuperar Kosovo para los serbios, y no desde Serbia. Muchos políticos serbios utilizan la dura situación de la población serbia en Kosovo sólo como un decorado.

Usted dice que nunca fue partidario de Milosevic...

Milosevic llevaba una política sin aliados. No tenía aliados en ningún lugar del mundo, ni en Rusia. El drama adicional de Serbia es que, cuando el país estaba en la peor situación de su historia, nadie le tenía compasión. Yo me acuerdo de España en la época de Franco, cuando en 1961 en Belgrado, durante la ceremonia inaugural del Campeonato Mundial de atletismo, los deportistas españoles recibieron el mayor aplauso de todos. Porque nosotros en Yugoslavia sabíamos mucho sobre la guerra civil española. Nuestros padres y abuelos habían luchado en las Brigadas Internacionales. Considerábamos a estos deportistas héroes que vivían en una sociedad antidemocrática. Y lo expresábamos de una manera noble, desde nuestro bienestar yugoslavo, con compasión. Y cuando se pasa mal y no hay nadie que te compadezca, es terrible. ¿Lo sabe usted? Esto es otra cosa que reprocho a Milosevic, que ni siquiera Serbia, que estaba contra él, logró despertar ningún sentimiento de conmiseración en el mundo.

¿Cómo fue su experiencia de aparecer como testigo en el Tribunal de La Haya?

El TPY es la institución más cara del mundo. Antes de que se estableciera, en octubre de 1992, recibí un informe desde Estados Unidos acerca de que se formaría un tribunal internacional para los crímenes de guerra. Los nombres de Karadzic, Mladic, Seselj y Arkan ya figuraban en las primeras listas. Informamos a Milosevic, pero no le prestó atención. En mayo de 1993 se establece el TPY en La Haya y en 1996 se abre una oficina en Belgrado. El Gobierno de Milosevic no reconocía este tribunal, con lo cual, mientras él estaba en el poder, no se nos ordenaba colaborar con La Haya. Aun así, en ese periodo entregamos a varios criminales de guerra serbios, y en el peor momento posible de la historia del país logramos capturar a Milosevic y entregarlo a la justicia. Yo dirigía personalmente la detención y entrega. Esto, junto con el hecho de hacer público que el TPY me había escogido como testigo, me puso en una situación de sumo peligro. Muchos podían querer mi cabeza, para que la verdad, que ya no tenía que ocultar como secreto de Estado, no saliera a la superficie. Escribí dos libros para que se sepa lo que he dicho y lo que no. Siempre he podido hablar desde la perspectiva de alguien que jamás ha dado o recibido una orden de acabar con la vida de otro ser humano.

En todo lo que ha pasado en y con la ex Yugoslavia, y desde las informaciones que usted barajaba, ¿cree que existe también cierta responsabilidad de la comunidad internacional?

Nadie en Occidente necesitaba una Yugoslavia fuerte y unida, el país de mayor prestigio en esta región antes de los años noventa. La comunidad internacional tiene gran parte de responsabilidad, y en primer lugar Estados Unidos y luego Reino Unido lo han demostrado hasta el día de hoy. Ellos también modelaron la fatídica política de Milosevic y tendrían que asumir su parte de culpa. Desde esta perspectiva, Milosevic entró en el juego de los grandes, pero no respetó las reglas del juego. No entendió que cuando eres pequeño no puedes engañar. La trampa para Serbia fueron los bombardeos de la OTAN. Richard Holbrooke, por ejemplo, quería verlos en directo. Occidente ha aplicado la política de doble rasero respecto a distintas partes de la ex Yugoslavia. Dentro de Serbia, creo que desde que asesinaron a Zoran Djindjic (12 de marzo del 2003), los nuevos poderes democráticos han ido confundiendo los valores. Y lo que hace falta también en Serbia es una actitud autocrítica.

El criminal más buscado

El general serbobosnio Ratko Mladic es el criminal de guerra más buscado por el Tribunal de La Haya. Huyó de Serbia a Bosnia la misma noche de la detención de Milosevic, según Mijatovic, y "hasta el 2003 se sabía más o menos dónde estaba". En la foto, Mladic en una fecha sin determinar.

La Vanguardia (España)La Vanguardia (España)

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