Yugopedia - La información silenciada de UE y EEUU sobre Yugoslavia

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Basado en extractos del libro de Josep Palau, El espejismo yugoslavo Josep Palau es autor de varios informes para el Gabinete de Estudios de la Presidencia del Gobierno (1994), y coautor y editor de los libros: Europa en paz, y Ex Yugoslavia: de la guerra a la paz. Ha actuado como promotor de diversas iniciativas humanitarias y de investigación en los conflictos balcánicos, entre las que destaca la coordinación de la llegada a España de 1.500 refugiados en 1992.

PROLOGO

Dése tiempo a la paz

"El lector tiene en sus manos algo muy raro en estos días: un libro sobre Yugoslavia basado en la compleja realidad, con un profundo conocimiento de los acontecimientos de los años noventa, con un análisis crítico en todas las direcciones, incluyendo a Belgrado y a los serbios en general. El lector, habituado a saber la realidad de esa desafortunada región sólo a través del antiserbismo automático y mimético de los medios, va a asustarse con este libro. ¿Cómo es posible que la prensa, la televisión y la radio no hayan mostrado estos hechos sencillos, al alcance de cualquiera que busque unas horas en las bibliotecas o sobre el terreno? Para el lector que conoce la realidad, y no sólo la realidad virtual de los medios, el libro es un resumen sumamente útil, un regalo que facilita un análisis más allá de lo común. Y al lector que sabe poco, el libro puede servirle como texto introductorio; entre estos últimos podríamos un día incluir a políticos y periodistas en un curso de verano del tercer ciclo.

"Josep Palau, tal vez el español mejor informado sobre la realidad de Yugoslavia, uno de los pocos europeos que investigó en todos los lados del país del infortunio, tendiendo puentes de diálogo entre todas las partes enfrentadas, tiene un mensaje en el título que se repite en el primer y último capítulos: la protección internacional de los derechos humanos de los últimos serbios en Croacia. Quedan, tal vez, 150.000, en Eslavonia Oriental, Baraña y Srem Occidental. Por lo menos, 200.000 serbios fueron explusados de Krajina en la ofensiva croata-OTAN-EEUU de agosto de 1995. El principal conflicto violento había estallado allí: en 1991 explotó la cuestión de los serbios en Croacia.

"Los reconocimientos de la UE, la OSCE, Los EEUU y la ONU dejaron a los serbios sin otra alternativa que la lucha, como lo demuestra muy bien Palau. Los serbios vencieron en las guerras de 1991 en adelante, y lo perdieron todo en la guerra de 1995 contra la injerencia extranjera. Como regla general, estos problemas no deben resolverse a través de la guerra. Podemos extraer una conclusión que la "comunidad internacional" tiene que aprender: hay asuntos donde están en juego necesidades tan básicas como la supervivencia. El exterminio de serbios en manos croatas durante la Segunda Guerra Mundial, y la ideología de un Estado que renace con símbolos fascistas, son hechos. No se puede dejar un pueblo así amenazado sin alternativas a la lucha violenta. Siémbrese, como se hizo a partir del 6 de enero de 1992, y se obtendrá una cosecha llena de violencia."

Johan Galtung, Doctor Honoris Causa Multiple. Catedrático de Estudios por la Paz.

LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, LOS FASCISMOS Y EL GENOCIDIO

"La frustración croata se va convirtiendo en los años 30 en odio hacia lo yugoslavo, un odio que acabó artculándose en el fascismo, en su particularidad ustasha (ustanak significa rebelión o alzamiento y ustashas serían los alzados o insurrectos). El poglavnik (caudillo) Ante Pavelic toma el poder en Zagreb con motivo de la invasión hitleriana y mussoliniana en 1941, y obtiene el apoyo del gran Reich alemán para formar el "Estado independiente croata" (Nezavisna Drzava Hrvatska, NDH). Alemania atacó Yugoslavia el 6 de abril de 1941 sin previa declaración de guerra. Belgrado fue salvajemente bombardeada de inmediato, pero Zagreb fue totalmente respetada. El territorio del NDH incluía toda Bosnia, Herzegovina y parte de Voivodina hasta las puertas del mismo Belgrado. Los aliados se reservaron buenas tajadas: el resto de la Voivodina fue a parar a Hungría; Italia controlaba trozos de Dalmacia, la mitad de Eslovenia y Montenegro; Bulgaria se anexionó Macedonia y parte de Serbia, y Albania pasó a controlar Kosovo.

"El NDH se propuso oficialmente resolver la cuestión serbia de manera expeditiva, ya que en la nueva situación no podía tolerarse por más tiempo la molestia que "esos primitivos bizantinos" causaban al gran Estado que por fin se proclamaba. Se estableció la doctrina de los tres tercios; un tercio de los serbios debía ser deportado; otro tercio, asimilado y convertido al catolicismo por la fuerza; el último tercio sería físicamente eliminado. Esa doctrina se convirtió en la orientación política de la maquinaria del Estado, que se dedicó a organizar las tres cosas, con desigual eficacia en los resultados. Muchos de los convertidos eran finalmente aniquilados, mientras la deportación no era fácil; así, el exterminio físico fue lo que más se generalizó. Croacia comparte con Alemania la exclusividad de la mayor de las muchas monstruosidades que los humanos hemos producido en este planeta: el genocidio industrial, frío, metódico, calculado. El fascismo italiano, que fue despiadado en aniquilar a sus oponentes, nunca llegó a esa "exquisited" de la perversión a gran escala.

"El resultado en cifras de víctimas es hoy discutido, y los datos disponibles son confusos porque el régimen titoista estuvo interesado en tapar unos hechos cuya rememoración podía herir la reconciliación que propugnaba bajo su égida. El baile de cifras es como sigue: 200.000 víctimas como máximo según cronistas croatas o hasta 1.000.000 largo según los serbios; las fuentes extranjeras hablan de 400.000 a 700.000; las mejor documentadas (entre ellas, los archivos del almirantazgo británico), fijan 675.000. Digamos que parece probado que cientos de miles de serbios, sobre todo campesinos, fueron exterminados sistemática y fríamente en las zonas que hoy corresponden a Croacia y a Bosnia-Herzegovina. Desapareció entre un tercio y la mitad de esa población. Podemos tambié comparar los censos étnicos registrados en 1941 y 1981 para Croacia y Bosnia-Herzegovina considerados conjuntamente. En cuarenta años, la población croata pasó de 3.300.000 a 4.210.000; y la población musulmana creció más, de 700.000 a 1.629.000, haciéndose notar una mayor tasa de natalidad. Pero la población serbia experimentó un crecimiento negativo en esas cuatro décadas, de 1.925.000 pasó a 1.879.000; de haberse mantenido las proporciones faltarían de 800.000 a 900.000 personas. ¿Dónde están? Hay una evidencia empírica que aún hoy puede experimentarse y que consiste en viajar por la región, preguntar aldea por aldea y rescatar la memoria oral. Se descubre pronto que no hay familia serbia que no fuera diezmada en proporciones tan sobrecogedoras que explican la ansiedad que aún crea el recuerdo de esos oscuros episodios.

"La iglesia católica participó activa y directamente, casi podría decirse entusiastamente, en ese genocidio. Los serbios al oeste del Drina eran vistos por el Vaticano como una anomalía histórica, una intolerable presencia de la ortodoxia oriental tan cerca del Adriático y, por tanto, de Roma. Las distancias que el Vaticano adoptó, no sin vacilaciones, frente al fascismo italiano y el nazismo alemán, se tornaron complicidad aberrante en el caso croata. Hay ahí una mancha terrible, insultante para quienes hemos nacido católicos, incompatible con los preceptos cristianos: "Bienaventurados los misericordiosos porque ellos obtendrán misericordia" y "Bienaventurados los perseguidos porque de ellos será el reino de los cielos". La jerarquía católica no ha podido o no ha sabido exonerar esa responsabilidad histórica. Al contrario, ha pretendido cubrirla en los años 90, participando en la rehabilitación de la memoria ustacha y "bendiciendo" de nuevo ardores racistas y revanchistas del peor nacionalismo croata.

"Merece mención particular el campo de exterminio de Jasenovac, el Auschwitz o el Mauthausen del fascismo croata. Reposan en ese lugar los restos de cientos de miles de serbios, pero también de miles de judios, gitanos y demócratas de toda afiliación étnica. Se dice que aquí está emplazada, bajo tierra, la mayor ciudad serbia después de Belgrado. Las generaciones serbias actuales no pueden olvidar esos precedentes. La idea de Josip Broz Tito de cubrirlo para olvidarlo resultó contraproducente. Muchos serbios han mantenido esa amargura como un sollozo ahogado que no se ha podido superar por falta de exorcismo. Por el contrario, se incrementa el agravio con la pretensión del presidente Tudjman de convertir los restos de Jasenovac, ahora bajo control croata, en un monumento a "todos los mártires croatas de la guerra, y muy en especial a los mártires croatas de la Guerra Patria". Ya en 1990, Tudjman había publicado su libro El desierto de la realidad histórica, que suscitó avalanchas de indignación en las comunidades judías internacionales por su descarado antisemitismo; en el capítulo relativo a Jasenovac, Tudjman afirmó entonces que las víctimas del campo no sobrepasaban 20.000; no en balde el propio Tudjman trató en algún momento de minimizar el holocausto judío europeo.

"Los serbios no han gozado de la misma compensación moral que los judios al ver elevado su propio holocausto a categoría de símbolo universal. De la misma manera que Alemania ha pedido oficialmente perdón a Israel, a Polonia y a la comunidad judía internacional, alguien desde Croacia, desde Alemania o desde el Vaticano podía haber expresado público arrepentimiento ante los serbios. Quizás una rehabilitación moral de ese tipo hubiera ayudado a reducir los niveles emocionales de 1991. Los serbios occidentales han expresado entre 1991 y 1996 una tozudez y dureza políticas que han sido rechazadas en todo el mundo. Pero se ha constatado que todos los pueblos que han sufrido genocidio o graves adversidades históricas, mantienen vivo su recuerdo, desarrollan comportamientos ásperos y hostiles en sus relaciones con otros. Ése es claramente el caso de los israelíes, los kurdos y los armenios; en cierto sentido, de los irlandeses; quizás palestinos y libaneses engrosen pronto esa lista.

(...)

"Se ha difundido la idea de que la tensión nacionalista estuvo siempre en ebullición, sólo contenidad por la represión dictatorial comunista. No es cierto: la convivencia y la mentalidad yugoslavistas habían prendido, tenían su arraigo, no eran falsas ni artificiales, aunque nunca llegaran a dominar de manera irreversible.

"El resurgir de los nacionalismos encuentra en las memorias colectivas un fácil eco que resuena en turbulencias seculares, y especialmente en las tragedias del siglo XX; brotan los recelos, rebrotan las pasiones, retrocede la solidaridad paneslava. El entusiasmo de las intelectualidades y de los medios de comunicación se revela tan dañino, si no más, que el de las propias élites políticas a la hora de sedimentar las dinámicas separatistas.

"No hay inocentes en ese juego de renacimientos nacionalistas. Todos los proyectos se formulan de manera excluyente, unilateral, a expensas del otro o de los otros, sin atisbo de concesiones corresponsabilizadoras, de la manera más lejana a un criterio solidario. El nacionalismo serbio estaba llamado a tener efectos precipitadores por la situación central y más numerosa de ese pueblo. Ahora bien, el nacionalismo serbio no es el primer nacionalismo que se manifiesta, surge sólo después de la muerte de Tito como reacción a los otros nacionalismos, y se desarrolla en paralelo con el nacionalismo de todos los demás. Hay una responsabilidad serbia en el proceso de desintegración yugoslavo, consistente en haber alimentado el descrédito de la propia idea yugoslava al denunciar las desventajas que el sistema titoísta había impuesto al pueblo serbio respecto de otros. A finales de los años 80, las ideas y movimientos políticos dominantes en Serbia, y entre las comunidades serbias de otras repúblicas, contribuyeron a debilitar Yugoslavia en la medida en que no pusieron el acento en la preservación a toda costa del Estado federal yugoslavo como interés mayor del pueblo serbio. En el fondo, esa responsabilidad se puede definir como la ausencia de una estrategia: las élites serbias no sabían lo que querían a finales de los años 80. Por el contrario, en el caso de eslovenos, croatas y albaneses (y sólo más tarde, musulmanes), se habían perfilado y consolidado estrategias rupturistas muy solidas, meditadas, consensuadas, consultadas en el exterior, con apoyos y garantías internacionales.

"Se ha atribuido al nacionalismo serbio de finales de los 80 una vocación expansionista y dominadora, se le ha proclamado ante el mundo entero como un nuevo fascismo, desestabilizador por esencia de los consensos pacíficos. Esa satanización ha sido una formidable operación de propaganda cuyo objetivo ha sido cubrir, exculpándolas, las operaciones secesionistas de sus oponentes. El nacionalismo serbio contemporáneo ha expresado un profundo malestar. Sintiéndose discriminado, su motivación básica no era el sometimiento de los otros, sino el aumento de sus cuotas de poder ante lo que consideraba una injusta distribución, ordenada por Tito a sus expensas. El malestar serbio cuajó a partir de la última constitución yugoslava, la de 1974, que debilitó extremadamente los poderes federales e introdujo, sin reconocerlo, rasgos de tipo confederal. Mientras se vacía el Estado central, se acentúa, en aparente paradoja, el poder centralista en cada república, excepto precisamente en la de Serbia, la única que reconoce autonomías en las regiones de Kosovo-Metohija y Voivodina.

(...)

"Lógica de confederación-lógica de federación, no otra era la naturaleza política del debate yugoslavo entre 1987 y 1990. Sobre esa tensión disyuntiva no existió jamás una aproximación hacia un compromiso ni atisbo alguno de franca negociación. Todos se reafirmaban en las posiciones propias. Los dirigentes eslovenos, croatas y albaneses no querían ni oír hablar de una perspectiva global que pudiera disminuir su poder. A la proclamación unilateral de la República de Kosovo, acompañada de fuertes convulsiones sociales, responde Serbia exigiendo y obteniendo de los órganos federales la supresión de la autonomía misma tanto en aquella región del sur como en la septentrional Voivodina.

El cáncer del realineamiento con occidente

"El apoyo que desde Occidente (primero Alemania, arrastrando a la Unión Europea, y después a Estados Unidos), se prestó a los separatismos antiyugoslavos fue una catastrófica decisión que deshonró a los supuestos triunfadores de la guerra fría. Condujo a la guerra entre pueblos yugoslavos, pues ésta podía haberse evitado si la presión internacional hubiera insistido en la preservación de las fronteras yugoslavas comunes, y se hubiera dirigido firme y coherentemente a todas las partes para que negociaran y pactaran.

"Tan alta contribución occidental a la catástrofe yugoslava tardará décadas en ser establecida como verdad histórica. No puede aceptarse hoy porque dice demasiado poco a favor de quienes son responsables de ello, política o intelectualmente, ya que sigen en oposiciones de poder (especialmente los forjadores de opinión, que duran más en los puestos de mando que los cargos políticos públicos). En su lugar, el histrionismo antiserbio y la deformación de los hechos prevalecerá todavía algún tiempo porque son chivos expiatorios necesarios para cubrir esa terrible verdad de una Europa y un Occidente que traicionaron todos sus valores precipitando una guerra que podían haber evitado. Pero es necesario comprender cómo ha sido posible semejante pifia en la aproximación internacional al conflicto yugoslavo.

Los sistemas internacionales de fronteras

"Con las circunstancias descritas operando en los escenarios internacionales, se produce una decisión básica de carácter histórico y que determina la evolución del conflicto yugoslavo hacia la guerra. En algún momento a finales de 1990 o principios de 1991 los centros de poder mundial más importantes establecen un consenso: las fronteras internacionalmente reconocidas de Yugoslavia iban a ser sustituidas por multitud de nuevas fronteras; éstas se corresponderían con las demarcaciones existentes entre las repúblicas federadas, lo que significaba elevar a esas repúblicas a la categoría de estados soberanos reconocidos; las nuevas soberanías estarían representadas por los establecimientos políticos de sus capitales.

"Esa decisión internacional, imperceptible y un tanto oculta en el momento de adoptarse, se ha revelado después como muy sólida y firme, pues toda ala acción básica de la llamada comunidad internacional en los conflictos yugoslavos hasta 1996 no ha tenido otra coherencia que la de imponer a toda costa esas nuevas fronteras, impidiendo cualquier revisión de las mismas. Las guerras de Croacia y de Bosnia-Herzegovina han sido las guerras necesarias para imponer aquella decisión, venciendo la resistencia de los perjudicados, las comunidades serbias, a aceptar lo que no podían sino considerar un atentado a sus aspiraciones más legítimas y a su seguridad. Las fronteras sin consenso han sido impuestas sólo por medio de la violencia a lo largo de la historia. La comunidad internacional sabía que las fronteras que se iban a reconocer en Yugoslavia rompían todo consenso básico, ya que resultaban odiosas para aquellos que, queriendo permanecer unidos, se veían divididos por ellas. Al dictar esas nuevas fronteras, en lugar de promover una negociación internacional previa a cualquier reconocimiento, los poderes internacionales que participaron de aquella decisión estaban eligiendo la guerra; una guerra para ganar, que luego ha habido que arrastrar a la conciencia democrática internacional. En defensa del dictado internacional sobre fronteras de 1991, los estados occidentales hemos librado una auténtica «guerra de baja intensidad» (según las doctrinas elaboradas en Estados Unidos en la última década para los nuevos procedimientos en materia bélica) que ha alimentado y sostenido la guerra caliente convencional que los actores locales libraban sobre el terreno.

Eslovenia no fue inocente

"Aunque las versiones prevalecientes en los medios de comunicación hayan presentado el breve conflicto de Eslovenia como el primer eslabón de la misma cadena de acontecimientos que luego se extiende a Croacia y Bosnia-Herzegovina («agresión serbia a Eslovenia», se dijo), el episodio tiene características políticas absolutamente propias. Las autoridades eslovenas, tras proclamar la independencia, expulsan a los funcionarios federales de los puestos fronterizos y toman unilateralmente su control. Las unidades del ejército que acuden inmediatamente en respuesta son enviadas por el gobierno federal presidido por el croata Ante Markovic, quien advierte al gobierno de Liubliana que es ilegal su apropiación de unas fronteras que lo son de toda la Federación con Austria, Italia y Hungría. Markovic advirtió también del caos incontrolable que se avecinaba si se admitían cambios violentos del status. Las unidades del JNA, escasas y mal pertrechadas, se dirigen directamente a las fronteras por rutas comunicadas al gobierno de Liubliana. Nunca se dirigen a la capital; no hacen gesto alguno de interferir en las decisiones internas de la república, ni de cuestionar a las autoridades republicanas nada que no sea el control de las fronteras. A los dos mil integrantes de esa fuerza, en su mayoría reclutas sin preparación, hacen frente unos cuarenta mil miembros de la Defensa Territorial Eslovena. Esta, bien armada por Alemania y Austria, se había transmutado ilegalmente en un organismo obediente a las autoridades republicanas rompiendo la unidad de las fuerzas armadas yugoslavas.

"No es justo considerar Eslovenia como un territorio y una nación sometidos a un dictado o a una forma de neocolonialismo por su inclusión en Yugoslavia, lo que en su momento obedeció a un pacto plenamente voluntario. Las razones de la decisión eslovena para romper con Yugoslavia en 1991 no hay que buscarlas en determinismos históricos que más bien podrían llegar a sugerir lo contrario. La estructura de poder económico y social y las incertidumbre en la forma de resolver los litigios entre las élites detentadoras de ese poder, generaron una dinámica centrífuga que a la postre resultó ser imparable. Eslovenia es un paradigma de tendencia egocéntricas. Mientras el diferencial en PIB entre Eslovenia y la media entre Serbia-Bosnia-Herzegovina-Macedonia era de 2,5 a 1 en los años 50, llegó a ser de 5 a 1 en 1980. Es decir, Eslovenia se había convertido en beneficiaria de los desequilibrios yugoslavos, que incluían relaciones de intercambio típicas de los modelos norte-sur.

"Así, no es correcta la apreciación de que el independentismo esloveno es sólo una reacción a su pesar ante la presión serbia. Preexiste a ésta. Se desarrolla en paralelo aunque alentada por ella, y se consuma con su pretexto. El 21 de Junio de 1996, en un programa de la TV de Liubliana dedicado especialmente al quinto aniversario de la independencia, el presidente Kucan advirtió que «Eslovenia ya se armaba desde antes de 1990, previendo una guerra». La revelación de la verdad empieza a prevalecer sobre la propaganda, también cuando el presidente esloveno añade en la misma entrevista que «la Unión Europea jugó un gran papel a la hora de hacer posible la ruptura de yugoslavia».

La guerra de restauracion del estado croata independiente

"El 22 de abril de 1990 se celebraron las primeras elecciones parlamentarias libres de Croacia. El HDZ alcanzó el 41,5% de los votos, aunque obtuvo 193 de los 365 escaños de la cámara (llamada Sabor). El Partido del Cambio Democrático (antigua Liga Comunista) obtuvo 81, y 91 los restantes. La campaña electoral se había centrado en una encendida polémica con la comunidad serbia del país. Dos meses antes, en el congreso del partido que lo eligió candidato a presidente, Tudjman había provocado el escándalo al declarar: «El Estado independiente de Croacia (fundado en 1941) no fue sólo un simple Estado colaboracionista y criminal, sino también la expresión de las aspiraciones históricas del pueblo croata». Pocos días más tarde, una masiva concentración de miles de serbios exigía en Kordun la integridad territorial de Yugoslavia y proclamaba su rechazo terminante al «neofascismo y a Franjo Tudjman».

"Se dieron todos los pasos necesarios para llegar al enfrentamiento más radical. Ya en junio de 1990, y como una de sus primeras medidas, el nuevo parlamento croata inició la discusión de las enmiendas constitucionales. El 25 de julio fueron adoptadas algunas de esas enmiendas, según las cuales Croacia dejaba de ser una república socialista y recuperaba la bandera roja y blanca a cuadros (conocida como "damero") que había sido la enseña oficial del estado fascista en el periodo 1941-1945. El mismo día, el Partido Democrático Serbio se congregaba en la ciudad-símbolo de Srb para proclamar la «declaración de soberanía e independencia del pueblo serbio en Croacia y establecer el Consejo Nacional Serbio como la única autoridad legítima de los serbios en Croacia». Los primeros episodios violentos ocurrieron en agosto del mismo año entre unidades especiales de la pilicia croata y la población local serbia en Benkovac. Dol dias mas tarde (19-8) se celebro un raferendum en la Región de la Cragina; aunque boto el 90% en fabor de una amplia autonomia, dicho referendum no fue reconocido por las autoridades de Zagreb.

"La otra vuelta de tuerca se produce en 22 de diciembre, cuando el Sabor adopta la nueva constitución (conocida como la Constitución Navideña), proclamándose la república como el «Estado nacional de los croatas». La Constitución de la Croacia yugoslava habia definido a Croacia como el «El Estado nacional del pueblo croata, el Estado del pueblo serbio , y el Estado de la nacionalidades que en él viven», y añadía «...la Republica se basa en la soberanía de los pueblos que la constituyen». La nueva contitución croata abolía los derechos fundacionales de la comunidad serbia relegándola a la condición de minoría sin derechos constitutivos en un país extranjero, proponiéndose, además, levantar férreas fronteras que separarían a esa comunidad serbia de una Yugoslavia a la que seguía sintiéndose esencialmente vinculada.

La secuencia del proceso bélico es más o menos así: a la proclamación de la independiencia croata sige la proclamación del la RSK (Republica Serbia de Krajina), entidad a su vez independiente de Croacia en las localidades o comarcas que la integran, se contituyen fuerzas militares utilizando los depósitos de armas reservados para la "defensa popular", que se despliegan a la entrada de los pueblos. La Guardia Nacional Croata, recién constituida pero bien equipada, se propone someter a los «rebeldes».Se producen las primeras series de víctimas mortales. Es difícil saber quién disparó físicamente la primera bala. Pero el primer comportamiento político violento fue croata al tratar de abordar por la fuerza la contracesión serbia, mientras que lo contrario —presión militar serbia para impedir la secesión croata— no ocurrió. A los enfrentamientos acude el Ejército (JNA), inicialmente como fuerza de interposición. Acuden también análogas formaciones ustachi desde varias partes de Croacia. Las unidades del ejército sufren provocaciones para implicarse; a la deserción masiva del JNA decretada desde Zabreb, sigue el hostigamiento a los cuarteles en toda Croacia, también promovido por las autoridades. Los mandos militares, presos del desconcierto y en los que va prevaleciendo la composición serbia, se decantan hacia la actuación abierta a favor de los combatientes de su etnia. La Guardia Nacional Croata, que se ha ido creciendo en el combate y que cada vez está más pertrechada, pasa a contituirse en un ejército en toda regla, enfrentado a otro ejército en plena transición de lo federal a lo serbio.

En el frente meridional, los enfrentamientos entre fuerzas montenegrinas y croatas en la región de Dubrovik tuvieron por objeto el control de puntos clave del litoral; como la península de Prevlaka, que todavía hoy es objeto de negociaciones. Las regiones al sur de Dubrovnik que se extienden hasta Montenegro quedaron devastadas, pero no así la ciudad misma. Debe saberse que los daños sobre Dubrovnik son menores; afectaron, y sólo parcialmente, a dos edificios históricos. Lo escrito y dicho sobre «la barbarie que se cebó sobre Dubrovnik» constituyó un admirable ejercicio de propaganda de la guerra; llegaron a difundirse en respetables periódicos occidentales fotografías de Vukover atribuidas a escenas de Dubrovnik tras la batalla. La flota serbia estuvo desplegada a dos millas del puerto de Dubvonik; nadie parecio reparar en que nunca atacó.

Naturaleza del conflicto en Bosnia-Herzegovina

Los musulmanes de lengua serbocroata eran en 1992 el grupo más amplio, pero no el mayoritario en Bosnia-Herzegovina. Su personalidad cultural está más relacionada con Bosnia Herzegovia que con otros territorios. Pero es falso consederar que sólo hay musulmanes en Bosnia-Herzegovina, pues también los hay en Serbia (comarcas de Sandjak) y Montenegro, así como Croacia en menor grado. Y otra equivocación es estimar ue Bornia es básicamente musulmana, este último error de apreciación, ingenua o interesadamente, sigue cometiéndose de manera inaceptable por tantos observadores en el mundo, e incluso por la Conferencia Islámica, que representa de manera oficial a decenas de estados. Herederos de las castas nobiliarias otormanas, y formando segmentos de población básicamente urbanos, los musulmanes de Bosnia-Herzegovina han mantenido una mentalidad colectiva de clase culta y privilegiada, tan admiradora de los grandes poderes internacionales homologables a las metrópolis imperiales a quienes sus ancestros sirvieron, como despreciativa hacia un mundo rural al que siempre consideraron en cierto sentido como cuerpo extraño. Problablemente sea difícil encontrar otros casos en los que el corte de contradicciones campo-ciudad se corresponda con tan definidas percepciones ideológicas de tipo nacionalista.

El deseo musulmán de no permanecer en una Yugoslavia de nueva dominancia serbia era tan legítimo como el deseo serbio de no salir de Yugoslavia. O se negociaba un estatuto muy especial de los musulmanes en Yugoslavia, o se negociaba un estatuto muy especial de los serbios en una Bosnia-Herzegovina que se encaminara hacia su independencia. Esto último es lo que se estableció como criterio de las negociaciones de Bosnia-Herzegovina conducidas por parte del embajador Cutileiro por delegación de Lord Carrington en el marco de la Conferencia de la Haya. Se configura el concepto de que Bosnia-Herzegovina sería un Estado confederal que uniría a tres "cantones" administrados por las fuerzas de la nacionalidad dominante en cada región. El modelo, incluso con un mapa inicial, llegó a ser adoptado por los tres partidos nacionales con la solemnidad de una Conferencia Internacional celebrada en Lisboa en febrero de 1992.

Pero la dinámica de la negociación, que requería como siempre reposo, sosiego y sobre todo tiempo, tiempo y tiempo... se vio perturbada por la dinámica de los reconocimientos. A la decisión de la CE en relación a Croacia y Eslovenia el 6 de enero, siguió la expectativa de su confirmación mediante la aceptación de esos dos estado en la ONU en Mayo. Ello motivó la prisa nerviosa del presidente Alia Izetbegovic por incluir a Bosnia-Herzegovina en ese paquete en Nueva York. De nuevo aparece el "ahora o nunca". Alia Izetbegovic era presidente accidental por rotación de una presidencia constituida por supuesto consenso étnico; hacia finales de 1992 debía ceder su presidencia. La oportunidad era ciertamente irrepetible para fraguar un proyecto de Bosnia-Herzegovina estratégicamente dominada por los musulmanes. Desestimó el proceso de Lisboa. Con el pleno apoyo de unos croatas deseosos de cualquier alianza antiserbia, se convoca el 29 de febrero de 1992 el referéndum para la independencia de la República de Bosnia-Herzegovina. La comunidad serbia no participa, ateniéndose a sus propio plebiscito, celebrado el 10 de noviembre, en el que habían "decidido" permanecer en Yugoslavia. Pocos días más tarde, el SDS abandona la Asamblea de Bosnia-Herzegovina. A pesar de los intentos de retomar las negociaciones de Lisboa todavía efectuados por Carrington y Cutileiro el 17 de marzo, de nuevo prevalece otra cosa, y el 6 de abril la Comunidad Europea reconoce la soberanía e independencia de Bosnia-Herzegovina. Los Estados Unidos lo hacen el 7 de abril. El mismo día se proclama en Banja Luka la República Serbia. Se han roto todos los puentes. La guerra está servida.

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